viernes

#10: Comunismo

#No son tiempos de charanga y pandereta así que esta entrada es la última hasta el solsticio. En algún momento volveré con energías renovadas, pero no ahora. Gracias por su paciencia.

#El simulacro de hoy: comunismo. 
Sé que rompe la tónica del B&N en el blog, pero es demasiado follamentes como para no ponerla.

#Como alternativas al capitalismo -alternativas con una hermenéutica sólida, me refiero- barajaba el anarquismo y el comunismo: pero al buscar un poco vi que el anarquismo es un buffet libre con una variedad que me perdía bastante. Así que he tirado de la hoz y el martillo, que gráficamente siempre me han gustado, aunque la estética nazi sigue ganando. A lo que vamos: si aún no lo has hecho ya, baja el scroll y deja de atormentarte con el gif de arriba o acabarás viendo el campechano bigote de Stalin por las paredes. #Fuentes#

Nos encontramos sumidos en una de las crisis periódicas del capitalismo, ya predichas por Marx, que tira repetidamente de la venda en los ojos del pueblo para mostrar que aparte de ser un sistema injusto por principios, es insostenible por todos lados: tanto en la moral como en lo social, en lo ecológico, y hasta en lo económico, cuando se supone que es en este campo donde ostenta su mayor ventaja. El capitalismo ha sido astutamente tejido por la burguesía liberal para seducir y diezmar al pueblo como una flamante prostituta con sífilis. Bajo los destellos del sueño prometido truena una maquinaria que se alimenta de los caídos, cuyas cenizas se esconden debajo de la alfombra roja (la de los Oscar, digo. El rojo es bonito, el capitalismo no).

El capitalismo tiene una serie de errores de base. Para empezar, la premisa de los recursos ilimitados. El bienestar de un pueblo se mide a partir de la riqueza generada, sin contar cómo se administran los recursos, dándose la paradoja por ejemplo de que un desastre natural aumente el PIB por el aumento de recursos invertidos en solucionarlo. Va siendo hora de incluir también en el cómputo lo que no se paga, pero se agota. Igual que la paciencia del pueblo ante la opresión selectiva: ya no es que se trate de un problema moral, que lo es, sino de una imprudencia de la clase dirigente, al ser incapaz de resolver la crisis mientras se caldean los ánimos.


"¡Mirad! ¡Ahí queda un árbol sin privatizar, y mi retroexcavadora lo ha visto primero!"

El sistema actual se fundamenta sobre un razonamiento circular. La belleza de los círculos, que representan a Dios y a los argumentos que no se sostienen (perdón por la redundancia). Veamos. El capital, el alfa y el omega, genera un crecimiento económico, sólo sostenible a partir del consumo innecesario sostenido por la publicidad; este crecimiento se alimenta de la explotación del pueblo, a quien se le paga con la posibilidad de participar justamente alimentando el consumo y con la ilusión de que a través de este proceso se puede acceder al capital. Un fantástico negocio de humo donde al final todo el dinero está amaestrado para volver con sus dueños, confabulados entre políticos y empresarios para enriquecerse a expensas del proletariado, que ve cómo se reducen sus derechos en honor a la "libertad".

La libertad, ese bonito concepto tan tergiversado. Libertad no es que porque tus padres hayan podido pagarte una carrera en Harvard, tengas todo el derecho a creerte mejor al que nació en el extrarradio. Libertad no es que puedas contar con un médico sólo si has tenido éxito profesional. Libertad no es promover que todos caigan en un prometedor embuste para luego apartar el velo de la especulación y que en un alarde de prestidigitador, todo el dinero haya desaparecido. La verdadera libertad no es sin la igualdad: libres de ser personas en las mismas condiciones, de gozar de los mismos derechos, y de no vivir con miedo a que de repente a la diosa invisible de los mercados le venga la regla y nos vayamos todos a pique.

Todo nos indica, desde hace siglos, que tenemos que cambiar, que los valores que tenemos no nos sirven. Vivir con el irreal objetivo de tener una mansión con piscina, un coche cuyo absurdamente inflado precio justifique su propia adquisición; aparatitos de la manzana, y una esposa conservada al bisturí, aparte de ser terriblemente triste y deshumanizante, nos lleva al caos. La justicia, la igualdad, la cultura: únicamente estos valores, beneficiosos y renovables, deben ser el motor de una sociedad funcional. El proletariado necesita hacerse consciente de su situación y luchar, ya que ha quedado patente que el diálogo no basta. Únicamente derribando los obstáculos persistentes por la fuerza podremos alcanzar la sociedad que nos permita ser lo suficientemente humanos como para, iguales e inalienados, desarrollarnos como personas.

#Haya paz, esto es sólo un simulacro.


Krysia

2 comentarios:

  1. Anónimo3/6/13 17:49

    Plas plas plas...

    El pueblo unido jamás será vencido por la tiranía de los hombres malos. El buen pastor Marx estaba en lo cierto, no debemos sino trabajar para el bien común, del que emanará todo lo que necesitamos, y por tanto nadie buscará su propio beneficio más allá del necesario, porque sabe que dándolo a todos, él también recibirá su parte.

    PD: Echo de menos... bueno, da igual lo que eche de menos, pasado mañana voy para allá... xD.

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    Respuestas
    1. Tómate una Perla y un tazón de Honey Loops a mi salud, Anónimo. Ya me contarás qué tal la nueva Czekolada ;)

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